Olvidando a Alejandro

Sábado 29 de noviembre de 2014

Muerdo la almohada ante las fuertes embestidas que Raúl me otorga, sus manos me agarran por la cintura, mis rodillas clavadas en la cama intentan aguantar la posición. Sí, estoy a cuatro patas para él, y se que le vuelve loco, que su instinto más primario sale a relucir pese a la dulzura que profesa habitualmente, y por qué negarlo, no es el único que se vuelve loco, a mi me fascina sentirme poseída y dominada, y sobre todo disfruto.

Raúl para un instante, sin sacarla de mi, momento que yo aprovecho para mover mi cadera suavemente y provocarle yo a él placer. Me acaricia la espalda suavemente, y de repente me vuelve agarrar por la cintura y bombea con fuera y velocidad. Me dejo llevar, apoyo mi cabeza contra la almohada y me acaricio el clítoris mientras mis gemidos aumentan y Raúl prosigue, sabedor de que de un momento a otro estallaré.

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La ducha del último domingo

Tras terminarme el café y la charla con Elena me fui a ducharme. Me quité el pantalón del pijama y la camiseta de tirantes que me había puesto para desayunar y me fui en braguitas hasta el baño. Eché el pestillo y me quede completamente desnuda, mandando mis braguitas al cubo de la ropa sucia. Abrí el grifo de la bañera para que el agua fuera calentándose.

Me di cuenta de que estaba un poco húmeda después de haber estado hablando con Elena sobre mí noche con Alejandro. Entré en la bañera, y con el grifo de la ducha, empecé a echar agua sobre mi cuerpo. Aproveché unos minutos para poner el chorro de agua caliente en mi nuca, mientras dejaba la mente en blanco relajando todo mi cuerpo.

Mi mente poco tiempo duró en blanco, me resultaba imposible no visualizar lo que había ocurrido con Alejandro tan solo unas horas antes. Venían a mi cabeza sobre todo dos instantes concretos, la felación en el portal, su cara de placer en ese instante, y la sensación de poder que me provocaba, y el otro, cuando me puso literalmente a cuatro patas en mi cama. Sin duda Alejando sacaba de mí mi lado más salvaje, más primitivo, y porque no decirlo, más sumiso, pero no solo lo sacaba cuando me poseía, lo sacaba incluso con el recuerdo que dejaba en mi.

Sujeté el grifo de la ducha al enganche de la pared, dejando caer el agua sobre mí, y mi mano buscó mi entrepierna. Mi apetito sexual estaba desbordado, aun deseaba más, y allí bajo el agua de la ducha, con los ojos cerrados, la yema de mi dedo acarició toda mi raja de abajo a arriba, mientras me mordía el labio inferior de la boca, del placer que me provocaba imaginarme a Alejandro junto a mí en esa situación.

Repetí el movimiento varias veces más, hasta que volví en mí. Estaba ardiendo, pero Elena no tardaría en avisarme de que la comida ya estaba hecha, y dado que se había encargado de cocinar para ambas, no quería hacerla esperar, y también porque no confesarlo, una parte de mi intentaba controlar mi propio calentón.

Me empecé a enjabonar el cuerpo, aun siguiendo excitada, y mientras lo hacía pude comprobar como de duros estaban mis pezones cuando los rozaba con mis propios dedos. La verdad es que cedí ante mis propios instintos, si en enjabonarme empleé un par de minutos, ni medio dediqué a aclararme. Mi mano volvía a mi entrepierna, deseosa de provocarme esa excitación de cuando te masturbas estando realmente excitada, buscando esa sensación, sin ni siquiera pensar en llegar al climax.

Presioné mi clítoris con mis dedos, y comencé a jugar con el frotándolo en círculos. No tardé en notarme mucho mas lubricada, volví a acariciarme de abajo a arriba, dejando salir esa humedad que llevaba dentro, mientras apoyaba mi espalda a la pared de la ducha, a la vez que arqueaba mis piernas y las abría, y entonces…. me introduje dos dedos dentro sin pensarlo. Entraron hasta el fondo y presioné con todas mis fuerzas moviéndolos dentro de mí. Proseguí moviéndolos adentro y afuera.

Mi cuerpo se contraía instintivamente, buscando el orgasmo.  Y en esas estaba, cuando de repente escucho un grito de Elena avisándome de que ya había concluido su receta, desvelándome así de mi dulce sueño. Acerté a contestarle, y proseguí un par de minutos más, aun sabiendo que mi final feliz debía esperar a otro momento del día.

Historias que nunca terminan

Alejandro se fue de mi casa por la mañana. Solo quedaba su esencia en mi cama, y el recuerdo del placer que tan solo unas horas antes me había provocado este fin de semana. Yo seguí unas horas más durmiendo tras despedirme de él. Cuando me desperté y decidí finalmente salir de la cama, él ya estaría de camino a su ciudad, a su casa, junto a su novia. Si queridos lectores, Alejandro tiene actualmente pareja.

Me dirigí hacia la cocina, allí estaba mi compañera Elena, a la que ya había escuchado desde mi habitación moverse por la casa. Elena tiene 31 años, es enfermera y lleva con su novio cinco años, y para que negarlo, en los dos años que llevo compartiendo piso con ella  se ha convertido en mi mayor confidente.

Era ya hora de comer, pero yo solo tenía ganas de tomarme un café. Al entrar a la cocina, Elena me miró de arriba a abajo.

-¿Noche larga?; me pregunto irónicamente mientras se reía. Vaya escándalo chica, me despertaste, el próximo día te mato; me dijo mientras su risa aumentaba a la vez que hacía que me sonrojase.

-Lo siento, espero que al menos estuvieras sola; contesté.

-Qué vas a sentir, me alegro un montón por ti, creo que lo necesitabas, pero ahora mismo me vas a contar quien era.

-Era…. Alejandro; contesté dudando.

-¿Que Alejandro? ¿Tu Alejandro?

Asentí tímidamente con la cabeza.

-¿Pero Alejandro no estaba en Madrid? ¿Y no tenía novia?

-Sí y sí. No digas más y dame un café por favor; le respondí.

-Que fuerte! ¿y ahora qué?

-Pues nada, ahora nada, ya se ha ido. A estas horas estará llegando a su casa.

-¿Pero tu estás bien?

-Mejor que nunca; le respondí.

-Entonces eso es lo que importa. Ya te dije hace tiempo que vuestra historia nunca había terminado, y precisamente el tiempo me ha dado. Lo único que quiero es que no te haga daño; me dijo Elena mientras yo agarraba la taza de café y tomaba un pequeño sorbo.

-No te preocupes, tengo las cosas claras a estas alturas. Ha sido y es una persona muy importante para mi. Quizás la que más lo haya sido nunca, pero asumo lo que hemos sido y somos con naturaleza. No todas las historias tienen que ser relaciones convencionales, y eso también es bonito. Me conoce mejor que nadie, y la confianza y feeling que hemos tenido, y que tenemos, no es comparable a nada. Por otra parte, me alegro que estuvieras sola, que vergüenza hubiera pasado con Jorge (el novio de Elena) si hubiera estado contigo.

-Por eso te odio más, por que menuda envidia me diste; contestó Elena mientras nos echábamos a reír.

Me terminé el café, y fuir a darme una ducha.

 

Alejandro, yo y el portal

Seis de la madrugada del domingo, la noche del sábado esta llegando a su fin, Alejandro, al que hacía mucho tiempo que no veía me ha acompañado hasta mi portal, llevamos media noche hablando, de nosotros, de nuestras vidas, del tiempo que ha pasado desde que se perdía por mis sábanas. Pero todo eso os lo contaré en otro momento.

Abro la puerta del portal y me giro para despedirme, le doy dos besos, y justo en ese instante, esa mirada cómplice, de con quien tuve una confianza única, acompañado por los efectos de las copas de este sábado que siento que recordaré durante mucho tiempo, hace que acabemos besándonos. Un beso corto, pero suficiente para haber recordado como me besaba en otras ocasiones. Nos volvemos a mirar y sonreímos. Acto seguido me empuja hacia dentro del portal, me  apoya contra la pared, me sujeta la cara con una mano y me vuelve a besar. Su lengua juega con la mía en un beso largo y húmedo. Me noto excitada, desinhibida y deseosa de ser suya.

Me besa el cuello, me agarra bruscamente los pechos por encima de la ropa, y baja con una mano hacia mi entrepierna, la cual aprieta por encima de mi vaquero. Va rápido, seguro de quien ya conoce mi cuerpo, seguro de quien sabe lo que hace, y seguro de saber que no he tenido amante como él.

Desabrocha el primer botón de mi pantalón, y mete directamente la mano dentro de mis bragas, nota de esa forma cuanto lo estaba deseando, cuanto deseaba que no se anduviera con especulaciones, en fin, nota mi humedad y decide acariciar con un dedo hacia arriba mientras me estremezco por completo provocando que se me escapen los primeros gemidos.

Acaricia mi clítoris, lo presiona, sin sacar su mano de dentro mi ropa, sigo gimiendo, y me besa para que me calle, para matar mis gemidos en su boca, y es en ese momento cuando decide clavarme dos dedos. Mi humedad se desborda, me dejo ir y me aferro a su cuello, lo rodeo con mis brazos, y contraigo mi cuerpo con todas mis fuerzas, sabiendo que no tardare en disfrutar aun de mayor placer.

Alejandro presiona más con sus dedos, y aumenta la velocidad de los mismos moviéndolos solo dentro de mi. No puedo más, y alcanzo el climax entre mis gemidos.

Tardo un minuto en recuperar el aliento, en que mi respiración estabilice, minuto que Alejando se pasa pegado a mí observándome.

-Eres un cabrón; le espeto, mientras me río.

-Lo sé, te encanta; me responde, a lo que añade susurrándome al oído: -me estoy muriendo de ganas de que me hagas una mamada.

Esa confesión, o petición indirecta, en cualquier otro me provocaría rechazo, en él me provoca excitación y deseo. Nos cambio de sitio, dejándolo pegado a la pared, y paso mi mano por encima de su entrepierna. Noto su erección, y deseo devolverle el placer que me acaba de provocar, sin importarme donde estamos.

Me agacho, le desabrocho el pantalón y se lo bajo junto a su ropa interior hasta los tobillos. Observo su pene, esta duro, es tan grande como lo recordaba, y estéticamente bello. Lo agarro fuerte con la mano derecha y la muevo. Acto seguido, sin dejar de hacerlo, le lamo la punta mientras le miro. Soy consciente en ese momento de cuanto me encanta la situación.

La respiración de Alejandro se intensifica, a la vez que su cuerpo se tensa sabiendo cual es el siguiente paso. Me lo introduzco en la boca, cierro los ojos y aprieto su pene con mis labios mientras bajo. Escucho su gemido, y le miro sin dejar de hacerlo. Me devuelve la mirada a la vez que me aparta el pelo de la cara. Intensifico el ritmo sin dejar de apretar mis labios todo lo que puedo. En ese momento se escucha pasar a un grupo de chicos por la calle. Reacciono de la forma que menos me hubiese esperado, aumentando aun más la velocidad de la felación, entregándome aun más. No nos han visto, aun es de noche y la oscuridad del portal nos oculta. Y de repente paro, la saco de mi boca y la vuelvo a agarrar, necesito coger aire, y mientras mi mano sigue jugando con el.

-¿Te gusta?; le pregunto sonriendo.

Asiente con la cabeza. Y la vuelvo a introducir en mi boca, lamiendo antes todo su tronco de abajo a arriba. Le agarro con mis manos por la cintura y aumento el ritmo todo lo que puedo. Me propongo hacerle terminar ya. Su mano intenta marcarme el ritmo en mi nuca. Sus gemidos se intensifican, hasta que pasados un par de minutos  me avisa de que no puede más. Aprieto aun más mis labios y me dispongo a saborearle haciendo caso omiso de sus advertencias. Un gran gemido acompaña su orgasmo, noto su primer chorro en mi boca, aprieto con todas las fuerzas mis labios y la introduzco un poco más, succionando hasta su última gota, y sin dejar de mirarle observo las convulsiones de su cuerpo ante su climax. Le bebo antes de sacarla de mi boca cuando empieza a relajarse, y le doy un beso en la punta antes de incorporarme.

Se sube los pantalones y se los abrocha, es en ese instante cuando la cordura vuelve a mí, y me doy cuenta de la suerte que hemos tenido, y sobre todo he tenido, de que no nos haya visto nadie. Me quedo mirándole, y me vuelve a besar agarrándome la cara por la mejilla.

Cuando acaba el beso le pregunto: -¿tomamos la última en mi casa?; Y me echo a reír.

Comenzando

Comienzo hoy aquí esta andadura, buscando un lugar donde refugiarme del día a día, donde expresar mis pensamientos y contar mis más íntimos secretos. Prometo sentimientos, anécdotas, erotismo, y la pasión que le pongo a la vida y al día a día.

Mi nombre es Mara. Soy una chica normal, de una ciudad cualquiera. Tengo 29 años, comparto piso y actualmente tengo trabajo. Hace meses que estoy soltera, y no hay perspectiva próxima de dejar de estarlo. Últimamente prefiero fijarme en los pequeños detalles, en compartir conversaciones hasta altas horas de la noche, mientras también comparto una botella de vino o un cigarro.

No me extenderé más. Aquí comienza este blog, una especie de diario sin más pretensión que satisfacer mi necesidad de escribir y de contar lo que siempre me guardo para mí.